Estudio energético del PROYECTO GAIA


El PROYECTO GAIA pretende rehabilitar tanto esencial como formalmente un lugar natural dañado por la actividad humana.
Se trata de un proyecto artístico experimental, con sólidos fundamentos filosóficos, que parte del principio de que la raíz profunda de toda creación – cultural, espiritual, artística – es la ecología. Queremos demostrar que si un artista accede a iniciar un diálogo honesto y responsable con la naturaleza, podrá desplegar toda su capacidad mágica latente y hacer suyo el propósito ancestral de todas las artes: hacer visible lo invisible.
He aquí nuestros principios y motivos:


Todos sabemos que por su intensidad y densidad la conciencia humana fácilmente se impone en un ecosistema, pero estamos convencidos de que si logramos desarrollar un diálogo con las fuerzas sin domesticar de la naturaleza, este poder puede encauzarse para recuperar un entorno natural dañado.
El arte es una actividad creadora; de hecho es la única actividad humana análoga a la Creación. Erige estructuras mentales y las materializa dotándolas de forma: compone ondas electromagnéticas en armonías de color, sonido y movimiento. Se nutre y se revierte en la naturaleza, por lo tanto el comportamiento del artista no puede ser otro que ecológico.
Al comprender que el espacio creativo es inseparable del compromiso del artista para con su entorno natural, iniciamos la búsqueda del ambiente adecuado para la realización práctica. Estaba claro que tenía que ser un espacio de características muy especiales, preferiblemente un lugar cuyas funciones vitales hayan sido alteradas por una indebida intervención humana y necesite rehabilitación integral, es decir: queremos comprometernos mucho más allá de una simple restauración paisajística.
Pretendemos poner en práctica una colaboración profunda entre el hombre y la naturaleza, canalizando nuestra capacidad creadora con firmes principios ecológicos hacia una obra común, ya que la rehabilitación se llevaría a cabo a través de la actividad artística – escultura, pintura y música, paisajismo – que cultivamos respectivamente.


Morfología del lugar

El lugar está presente tanto en la extensión visible como en la invisible de la realidad: además de formar parte de un conjunto paisajístico notable, cuenta también con un potencial energético excepcional: lo hemos comprobado aplicando los métodos elaborados por Marco Pogacnik.
Hace milenios en toda la cuenca mediterránea comenzó el declive del culto matriarcal- agrícola de la Diosa , mientras aumentó la cotización de los valores patriarcales. Estos, en el plano sociocultural sirvieron de fundamento para las grandes religiones monoteístas de dioses-padres severos y solares, relacionados con el cielo (elemento aire), y – en el plano psíquico – con el elemento fuego (es el contexto que hizo emerger la civilización tecnócrata).
Sin embargo, en el paisaje sigue predominando el elemento agua: cada ola del mar recalca la oculta pero imborrable presencia del principio femenino. La Mar – Mare Nostrum – mece emociones y sentimientos, de los que hace partícipes a todos los que ansían por escapar de un entorno demasiado racionalizado.
El paisaje premontano de Gilet, cubierto de vegetación autóctona, dominado por la mole monumental de la Peña y abierto al mar, es el contrapunto invisible de la fortaleza espectacular – monumental, heroica, guerrera: masculina – de Sagunto.

Podemos considerar energéticamente equilibrado un lugar siempre y cuando sus energías de cargas opuestas – según nuestro vocabulario antropocentrista: “femeninas” y “masculinas” – se complementan para reforzar el vínculo entre Cielo y Tierra. Estos lugares privilegiados fueron venerados por los romanos como sedes del genius loci (espíritu del lugar), y utilizados como fuentes de energía espiritual: no por casualidad se formaron las culturas alrededor de lugares “fuertes”, considerados a menudo sagrados. Se trata más bien de una tendencia que de un estado permanente de armonía, que rara vez se produce, es difícilmente sostenible y nunca es duradera, ya que el equilibrio depende en cada momento de todos y cada uno de los elementos del ecosistema. Por esto es imprescindible que el cultivo que aplicamos a nuestro entorno – la cultura – sea ecológico.
Las realizaciones más significativas de cada cultura son sus creaciones artísticas, obras que son “cápsulas de tiempo”: perdurarán y hablarán de nosotros en el futuro. Algunos incluso llegan a figurar como símbolos culturales: estos no sólo informan o deleitan, sino también participan activamente en el desarrollo de la cultura.

 

Estado del lugar antes de iniciar el proyecto

Una de las lomas suaves de las laderas boscosas de la Peña, moldeadas durante eras geológicas por lentas erosiones, fue víctima hace unos veinte años de la intervención “racionalizadora” humana, que la desvinculó de la red energética colosal de la que siempre formaba parte.
El silencio que imperaba en toda la extensión devastada no era de distensión sino de desamparo: a todas luces no se trataba de una sencilla anomalía paisajística. Tanto las heridas de la montaña – una cantera –, como la construcción de hormigón emplazada en la excavación más grande, representaban sólo el aspecto visible del deterioro. La energía vital de la parte mutilada era demasiado baja: resultó insuficiente hasta para las plantas menos exigentes.
Hemos dado con una anomalía, que representaba un desafío muy grande: no cabe duda, que las heridas practicadas con excavadora no se cerrarán sin ayuda humana.

 

El desafío

Llevamos casi tres años elaborando el proyecto que comenzamos a desarrollar sobre el terreno. Para definir la dirección de las líneas de poder y calibrar la fuerza de los puntos energéticos, tuvimos que cotejar el frágil equilibrio de los elementos tanto visibles (animales, plantas) como invisibles (fuerzas de la naturaleza) del lugar: era imprescindible llegar a formar parte del contexto para que nuestras ideas comenzasen a tomar formas correctas.
A primera vista, la solución más obvia hubiera sido la reposición de ciertos elementos paisajísticos. Sin embargo comprendimos pronto que con esto no lograríamos más que una recuperación sintomática que no excedería nunca el plano material, por lo tanto no repararía los daños producidos en el plano energético: a pesar de su aparente respetuosidad con el entorno, no sería una solución realmente ecológica, ya que carece de los vínculos fundamentales con éste. Consideramos que la reposición es aplicable solamente a los elementos vivos, que poseen conciencia más desarrollada y compleja que las rocas: comprendiendo el profundo papel que juega la vegetación autóctona en ese entorno podríamos conseguir que ésta formase parte activa de todo el proceso de remodelación, recuperando el particular equilibrio de dicho entorno en todos los aspectos, tanto materiales como energéticos.
En cambio, la rehabilitación finalmente propuesta por nosotros pretende ser una actuación integral, que implica reconstrucción consciente en todos los niveles, con énfasis en el nivel espiritual, para asegurar que las raíces invisibles nutran la parte visible del proyecto.

 

 


Durante la maduración del proyecto hemos observado que nos resulta difícil desvincularnos de ciertas formas. Concretamente, en nuestros apuntes pululaban diversos motivos de dragón, un monolito y un espiral.
La figura de dragón tiene antecedentes tanto en la extensión visible como en la invisible de la realidad: el espíritu de la cordillera de la Calderona se manifiesta de esta forma. Su lomo con las características excrecencias lumbares se extiende lejos, evocando seres pertenecientes a tiempos inmemoriales (al parecer, otros artistas también se percataron de esta presencia: hay dos mosaicos que representan dragones, bordeando el autovía de circunvalación de Valencia, en la salida de Bétera, donde se vislumbra por primera vez la serranía). Desde Gilet se puede contemplar una imagen de cuento de hadas: un dragón enroscado alrededor de su tesoro, que es el castillo de Sagunto. O la misma forma de la Peña, un tremendo molar de dragón...
El proyecto adoptó esta forma mítica y hemos decidido plasmarlo en una macro-escultura experimental.

 

 


La espiral resultó ser más abstracta: curiosamente – en vez de seguir el trayecto arquetípico de toda inspiración (según las manecillas del reloj), ésta giraba en dirección contraria. Según nuestra interpretación las energías de la tierra siguen una espiral ascendente y un monolito podría servirles de eje (el monolito, por su parte, contiene referencias visuales del concepto Axis Mundi [“eje del mundo”], presente también en la cultura ibérica). Nos pareció natural que las astas estructurales de la espiral evocasen el clásico signo de plexo solar, usado desde tiempos inmemoriales: esta imagen nos revela que en este lugar fue mutilado un centro energético con forma de estrella, distintivo de los lugares excepcionalmente potentes.

Comprendimos que las ocultas fuerzas magnéticas de nuestro planeta influyen de forma inequívoca en la naturaleza y en las culturas, y que las fuerzas y las energías se complementan para proceder a la curación de los daños. Este poder autoregenerador se canaliza por las líneas ley y se manifiesta en ciertos lugares (se percibe como actividad del genius loci); sin embargo puede verse reforzado considerablemente por la creatividad humana.
Al poco tiempo de haber erigido el monolito hemos experimentado que el centro energético tiende a deslizarse para abarcar una extensión mucho mayor de lo que pensamos en un principio. Tuvimos que replantear todo el proyecto. La solución fue comprimir considerablemente la forma convexa que se formó alrededor del monolito, y reorganizar la “osamenta” de madera del dragón en un esqueleto cóncavo, en cuyo foco hemos fijado – y reforzado con litopunción - el centro de energía errante capturado. De esta forma quedó establecido el equilibrio sustancial de nuestro proyecto.

Energéticamente, tanto las vibraciones sonoras como las de los colores son ondas electromagnéticas que actúan sobre la psique humana de forma directa. La parte visible del PROYECTO GAIA es un mosaico que cubrirá toda la zona rehabilitada, formando la piel del dragón. Para su ejecución utilizaremos piedras del lugar y flora autóctona, y su tema será una interpretación visual de este estudio energético.

 

 

La música, presente en todas las culturas de la historia humana, supone un puente entre las facetas terrenales y divinas de nuestra esencia, estableciendo lazos invisibles entre lo tangible y lo intangible. Es obvio que la forma de las ondas que producen las vibraciones sonoras influyen decisivamente en todo aquello que nos rodea, tanto latente como inerte. Diversos estudios aportan importantes datos sobre la influencia de los distintos tipos de música sobre las plantas, y bien es sabido su profunda influencia sobre la conciencia (y la salud) humanas. No nos extenderemos sobre toda la literatura que hace referencia al uso de la música con fines medicinales (musicoterapia), pero consideramos la música como elemento clave en la consecución de todo proyecto artístico y/o regenerativo.

Contamos con que nuestras actividades musicales, escultóricas y pictóricas contribuyan a reactivar las energías del lugar.

 

vista aérea de la composición de líneas de fuerza

 

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